Quizás todo comenzó con el latido microscópico de una célula, con un cigoto abriéndose paso en la oscuridad, con la conciencia silenciosa de una cadena de ADN. O tal vez con esa música caótica, sin partitura, de electrones girando obstinados alrededor de un núcleo. Lo verdaderamente mágico de la vida es que nunca permanece en un solo estado. Se transforma sin descanso, como el oxígeno disuelto en el mar. Millones de espermatozoides compiten por conquistar un único óvulo. ¿Azar? ¿Destino? Nadie parece tener la respuesta. He llegado a los sesenta y mi vida se ha vuelto un territorio incierto. Los acontecimientos se precipitan uno tras otro, como si el universo —testigo mudo— insistiera en empujarme fuera del tablero. Nada ha logrado derribarme del todo. Reconozco que estuvieron cerca. Pero de algún modo, y gracias a quienes me aman de verdad, encontré la fuerza necesaria para seguir. Cada átomo de mi ser pareció conspirar contra mí… y aun así, falló. Si intentara enumerar las pérdi...
Escritos por Raúl Livón