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Melodía


Multitudes sin medallas irrumpen en Plaza Francia, derrumban las vallas desiertas de los que se dejan ir. Aquellos que encerrados en sus cuartos espían desde las ventanas, prefieren regar sus macetas evitando crear algo que les impida rodar por entre los árboles. Miran a la niña erguida, sentada sobre su blanco pedestal que entrega su alma y odian las voces que no necesitan más que la calma para despedir al viento.

Una hoja caída en el suelo cobra vida iluminando los artesanos que irrumpen en puestos caros ávidos de turistas, sedientos de glorias cotidianas. Turistas templados por la tarde veraniega insisten en procurarse objetos inútiles, piezas mostrencas que olvidaran tan pronto como el pasado los invada.

Músicos armónicos desentonados, disonantes bosquejan sus notas en burdas improvisaciones al tanteo, opacando el solo de una guitarra debajo de la flor rosada del Palo borracho. Pero pronto se abrirá camino.

En él, la poesía atomiza un canto afinado. Y hasta la niña comienza a girar sin que nadie lo note, para escuchar. Es ella la primera en descubrirlo.

Arbustos tonalizados en todos los verdes posibles, plantas envueltas entre sí, faroles de a pares y el óxido de los bancos plaza detuvieron su intrascendencia inerte para extender sus manos invisibles queriendo alcanzar la melodía del solitario.

Modulaban espumantes, las notas, que flotaban montadas en las brisas, los alientos y el oxigeno de los árboles, se infiltraban en las mentes con densa expresividad, por todos las vías posibles descuidadas. Cautivando, brillando, desquiciando, explicando serenas pequeñeces hasta que la melodía lograba reposar en el césped para luego encenderse y callar las voces de las ventanas de los que esparcen el agua en sus tristes macetas enanas.

Los dedos del solitario reposado adulaba las cuerdas quienes suspendidas, cautivas encantaban los pasos cada vez más lentos de las multitudes.

Hasta que el silencio dio el final de la armonía en su última nota.

Los ecos de un amor escondido, se confundieron en su recuerdo. Y fue su dulce melodía.

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