El problema principal es que no hay otra salida que seguir adelante con lo que queda de mi vida. El suicidio no es una posibilidad. Tengo la obligación moral de continuar viviendo a pesar de todo. De enfrentar los problemas y tratar de encontrarles la mejor solución que pueda. Y enfrentar los miedos que me acogen tomando los riesgos que sean necesarios. La cuestión es como lograr obtener la voluntad de hacer lo que se que tengo que hacer. Dejar de dormir todo el día y desvelarme en las noches con todos estos pensamientos. Simplemente tengo que levantarme y salir a trabajar y enfrentar lo que suceda sea lo que sea. Ojalá mañana pueda lograrlo.
Todos guardamos tesoros en la vida, pequeños destellos que a veces iluminan la memoria. Pero hay otros que se esconden en recovecos tan hondos que parece que la misma tierra los devora. Algunos dicen que siempre hay quien logra desenterrarlos; quizás sea porque dejó de buscarlos. Porque hay tesoros que sólo emergen en el descuido, cuando la guardia baja y la intemperie del alma deja un hueco. Entonces, sin anunciarse, aparecen a tu lado, como si siempre hubieran estado ahí. El verdadero golpe llega cuando te convencés de haber hallado uno, y lo que abrazabas era apenas la silueta vacía de un deseo. Le ofrecés tu vida entera, la rodeás con tus manos, la defendés del viento, pero no se puede conservar aquello que nunca existió del todo. Y cuando al fin lo entendés, el mundo no se rompe: se desvanece. Se disuelve en un silencio seco. Y vos quedás quieto, sostenido apenas por el peso de la pérdida. Seguir se convierte en un acto áspero. Te aferrás a los tesoros que de verdad tenés: hijos, ...