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DESTINO

El problema principal es que no hay otra salida que seguir adelante con lo que queda de mi vida. El suicidio no es una posibilidad. Tengo la obligación moral de continuar viviendo a pesar de todo. De enfrentar los problemas y tratar de encontrarles la mejor solución que pueda. Y enfrentar los miedos que me acogen tomando los riesgos que sean necesarios. La cuestión es como lograr obtener la voluntad de hacer lo que se que tengo que hacer. Dejar de dormir todo el día y desvelarme en las noches con todos estos pensamientos. Simplemente tengo que levantarme y salir a trabajar y enfrentar lo que suceda sea lo que sea. Ojalá mañana pueda lograrlo.
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SESENTA

Quizás todo comenzó con el latido microscópico de una célula, con un cigoto abriéndose paso en la oscuridad, con la conciencia silenciosa de una cadena de ADN. O tal vez con esa música caótica, sin partitura, de electrones girando obstinados alrededor de un núcleo. Lo verdaderamente mágico de la vida es que nunca permanece en un solo estado. Se transforma sin descanso, como el oxígeno disuelto en el mar. Millones de espermatozoides compiten por conquistar un único óvulo. ¿Azar? ¿Destino? Nadie parece tener la respuesta. He llegado a los sesenta y mi vida se ha vuelto un territorio incierto. Los acontecimientos se precipitan uno tras otro, como si el universo —testigo mudo— insistiera en empujarme fuera del tablero. Nada ha logrado derribarme del todo. Reconozco que estuvieron cerca. Pero de algún modo, y gracias a quienes me aman de verdad, encontré la fuerza necesaria para seguir. Cada átomo de mi ser pareció conspirar contra mí… y aun así, falló. Si intentara enumerar las pérdi...

LA CULTURA DEL ATAJO

Hubo un tiempo en que leer era un gesto de audacia: una manera de internarse en regiones donde el mundo se volvía más hondo, más vasto, más extraño. Hoy, en cambio, la lectura parece haber sido desplazada por un resplandor más fácil: el del entretenimiento veloz, ese que reluce unos segundos antes de disolverse sin dejar sombra. Las pantallas han aprendido a capturar la mirada con la destreza de un ilusionista. Ofrecen brillo, inmediatez, promesas de comprensión instantánea. ¿Para qué demorarse en un texto que exige paciencia, que pide detenerse, que obliga a suspender el vértigo? El lector contemporáneo —si es que aún podemos llamarlo así— busca lo rápido, lo que no incomoda, lo que se deja consumir sin exigir nada a cambio. La lectura profunda ha sido recluida a los márgenes: un territorio casi clandestino donde solo algunos insisten en entrar. Los diarios, los blogs, los ensayos que intentan descifrar el pulso político, el engranaje económico o la trama cultural ya no en...

IDEAS

Recorrer un sendero serpenteante entre montañas que respiran frío, a una velocidad que roza el vértigo, es casi una invitación al espejismo del placer absoluto. Hay algo en mantener el rumbo —atento a las señales, pero con la mente disuelta en esos no-lugares que solo la imaginación conoce— que serena el pensamiento y le devuelve su pulso más hondo. Sentarse bajo la sombra generosa de un árbol en cualquier plaza, mientras la multitud anónima celebra la tibieza del día, ofrece una calma que roza lo sagrado. Ya sea acompañado por los niños que trepan los troncos como si ascendieran hacia un mundo secreto, o en soledad, paladeando un libro que abre ventanas invisibles, el alma inventa pequeñas fantasías que, por irreales, se vuelven dulces. También está ese instante en que un piano —quién sabe dónde, quién sabe de quién— deja caer un jazz irregular que se mezcla con el verde del atardecer. O esa noche en la que el mar respira a nuestros pies y la luna, cuidadosa, nos acaricia los párpa...

Sin novedad

Todos guardamos tesoros en la vida, pequeños destellos que a veces iluminan la memoria. Pero hay otros que se esconden en recovecos tan hondos que parece que la misma tierra los devora. Algunos dicen que siempre hay quien logra desenterrarlos; quizás sea porque dejó de buscarlos. Porque hay tesoros que sólo emergen en el descuido, cuando la guardia baja y la intemperie del alma deja un hueco. Entonces, sin anunciarse, aparecen a tu lado, como si siempre hubieran estado ahí. El verdadero golpe llega cuando te convencés de haber hallado uno, y lo que abrazabas era apenas la silueta vacía de un deseo. Le ofrecés tu vida entera, la rodeás con tus manos, la defendés del viento, pero no se puede conservar aquello que nunca existió del todo. Y cuando al fin lo entendés, el mundo no se rompe: se desvanece. Se disuelve en un silencio seco. Y vos quedás quieto, sostenido apenas por el peso de la pérdida. Seguir se convierte en un acto áspero. Te aferrás a los tesoros que de verdad tenés: hijos, ...

Melodía

Multitudes sin medallas irrumpen en Plaza Francia, derrumban las vallas desiertas de los que se dejan ir. Aquellos que encerrados en sus cuartos espían desde las ventanas, prefieren regar sus macetas evitando crear algo que les impida rodar por entre los árboles. Miran a la niña erguida, sentada sobre su blanco pedestal que entrega su alma y odian las voces que no necesitan más que la calma para despedir al viento. Una hoja caída en el suelo cobra vida iluminando los artesanos que irrumpen en puestos caros ávidos de turistas, sedientos de glorias cotidianas. Turistas templados por la tarde veraniega insisten en procurarse objetos inútiles, piezas mostrencas que olvidaran tan pronto como el pasado los invada. Músicos armónicos desentonados, disonantes bosquejan sus notas en burdas improvisaciones al tanteo, opacando el solo de una guitarra debajo de la flor rosada del Palo borracho. Pero pronto se abrirá camino. En él, la poesía atomiza un canto afinado. Y hasta la niña comienz...